DANIEL VEGA: POEMARIOS |
Querido lector: Son apenas diez poemas de sólo tres libros por motivo lógico de espacio, pero me alegra tanto tu visión hacía mi poesía que bien merece tal brevedad. |
![]() |
|
OBRA: LA INFANCIA EN LAS HULLAS MINERALES Antepasados Dormían entre hojas con luceros por almohada Tenían el cabello arborescente Sobre roca tallaban perfiles y vientos Buscaban alimento en las mareas Llegaban al confín de su existencia extasiados Ahítos de naturaleza Sin melancolía Sin espinas en el corazón Música Para Locomotoras A Vapor Museo del Ferrocarril. Acaso fue el vértigo con vagones que los hombres engarzaban para hacerlos ir al páramo, al mar, a las ciudades o la férrea geometría de raíles semejante a un infinito o el guardián de las agujas con linterna de haces verdes, rojos y amarillos (mi primera bandera, mi primera Vía Láctea) Paraíso de trenes; cuánta acrobacia sobre puentes de carril, la explosión al chocar de los metales, las hogueras con neumáticos, el fragor de un laberinto entre humos y cisternas. Yo ensayé esa música con arpegios ferroviarios, alma de vibración, mecánica sonoridad más allá del pentagrama: rugían máquinas con torsos de grafito y laringes de silbidos al galope (locomotoras esbeltas como caballos, los cobres eran las arterias), el sonido del vapor era sílabas de fuego, la llovizna repicante, en aludes cantaban montes de semillas y con tímpanos y luz descendían pájaros llenos de cielo. Partitura intensa, sinfonía feliz, ese arte me recorre desde entonces y devuelve fogoneros, pilotos con gorra a visera, vigilantes guardavías, engrasadores de brazos de aceite; sé que es un espejismo, engaños cruzando mis tardes, pero tal imposible resulta una grata emoción. La infancia, lugar primero, ignora tener fin mas pronto llega el éxodo, la existencia a borbotones (oquedad en las noches y días de asfalto y reloj), y aunque las máquinas vivas que tanto amé son ya destino de nadie, todavía respiran conmigo en la hermosa quietud del callado museo. EL Germen Del Ayer Ahora es tiempo de retornos, cauce umbilical en las horas nocturnas, es el germen de mi ayer. ¿Qué pervive sobre tanta emanación? La rama del espino que protege contra el rayo porque es el rayo mismo; la efigie del lobo, que lleva en sí estremecimiento; los ojos niños del esbardo; el ciervo volante, duro insecto excavador en los robles del verano; un canto de urogallo, sonido como el choque entre clavos, piedras y maderos; la perfección del bosque, verdadera arquitectura arborescente; la lluvia purísima, elegía elemental; la noción vertical de la hiedra; la noche del solsticio y su asombro indescifrable; la llegada de la nieve; el río en sus torrentes extasiados por la trucha y el salmón; los treinta y dos puntos de horizonte en la náutica rosa del viento; la estatura de las olas, el humo de las naves; el aire multiforme en las jornadas de abril; el olor de la tormenta; la primavera y sus brotes: el caracol preciso, la mariposa niña, la araña minuciosa; la ortiga de tacto imposible, los helechos gravitantes; el aroma del incienso con su luto y su tañido; el demonio en los armarios inmanente como un alma; el desván misterioso y los sótanos ocultos, conceptos de un más allá; los tejados de bermejas nervaduras; cada inicio de luna, metáfora del sigilo; el humo verde del estío; septiembre llameante, que es el mes de los manzanos; la tierra recién llovida cantando con voz preciosa; los marítimos faros, sus abismos y su luz de galaxia ensimismada; la herradura presagiando una extinción; el carbón milenario; el camposanto en su colina cuya grieta de mina amenaza a los yacentes; el óptico arcoiris, la ingravidez en los pájaros; el valle entre brumas y el valle iluminado extremos levitantes en un juego de espejos; el acero de las máquinas; el olor del alquitrán, otra forma de magma que huele a principio de mundo; el primer libro y su textura; la tentación del primer vaso con vino; aquel cuerpo enamorado que jamás olvidaré y sigue latiendo como un rapto de vida; tanta melancolía sin conseguirla evitar en la lenta exhalación donde todo reaparece. OBRA: ALGARIO Acantilado El Descenso Partir de la luz hacía un seno de olas, vaciarse en corrientes; hay en ese anhelo una joya indescifrable, un temblor a solas de acantilado. Descender, estallar por rompientes como alas de espuma, el vértigo azul de la mar acudiendo a los ojos, retornar al instinto marino de cuyos limos provengo. Abril De Los Vientos Arcanos En un nudo de oleaje vi el rostro del naufragio, atroz escama en desorden del quien zozobra en un grito, pues nada es posible hacer contra esa torva mirada . ¿Será la muerte que me pretende, abril de los vientos arcanos? Hoy todo abril son semillas, láminas nuevas que reverdecen ¿cómo es posible que así perezca si todo acto ya es primavera? La mar, su metabolismo, se contuvo de apetitos, me aludía y me cantaba el reloj de las mareas, remota luz, por mí cruzaron presencias, impactos del subconsciente, ojos locos en tropel, diré que fui alga y fui nube, diré que en la rueda del tiempo ser raíz o ensoñación es un momento infinito, en el alto escalofrío por mí atravesaban los días y en instantes sucedieron todas las primaveras. Se detuvo la mar, no quiso mi muerte blanca sin hallazgos en el cuerpo, huyó la asfixia y de tal profundidad solo quedó el espejismo. Pero el arco de esa ola aún provoca mis insomnios. Canción De Amor Ese inmenso don tuyo de nunca estar triste saltaba como caballos, como silba el viento y su risa en tallos madrugadores, azafranes de tarde, entre uvas en penumbra. Imagino que aún levantas el cielo con los dientes, con la flor que nutre tus caderas y aquellos ojos de inundados olivos, cuyo aceite palpitaba a borbotones como la sangre. Visión De Sirena En La Taberna Del Puerto ¿Quién cuenta las horas del agua, sueña trasluces, mares secretos y si la invade el sonido, extasiada repta los arenales? A las proas acudes doncella de senos y escamas, hermética llegas al rumor de las tabernas desde un mar imaginario donde brama el arrecife, hembra de nuevo surges del liquen hacia órbitas vivas y ya existes en los muelles hechizada por el humo del tabaco y el gemir de los cristales. ¿Quién sabe más de distancias si en su pecho anidan los horizontes? Atrás ha dejado el misterio, los atlas, e inunda brasas y fogones con naufragios, contando historias en los vasos de los hombres con un habla enamorada de total respiración. Ebria de mundo, recita el paso de una ola interminable como vértebras saladas, un rapto de dulce ulular, trance que nadie desoye y a todos abarca. ¿Quién exhala el océano por sus poros azules? Tan a la orilla que casi estremece ella se ciñe a la roca y estalla, cuerpo de red, salobre jugo de sirena, los peces nutricios la adoran como a un talismán. A veces la ideo y su imagen me embriaga, quisiera ser llevado por su canto de abstracción, la acuática leche virgen, las inmortales derivas. La ideo en hermosa desnudez buscando el fuego, sin otro pensamiento que encontrarnos para ser sangre, límite oscuro y vidente en los últimos sorbos de mi inundación. OBRA: NUDE Amor Loco I …esos tus ojos propicios al sexo. Bienvenida A Nuestra Vida... Bienvenida a nuestra vida, dame el beso que no acaba nunca, arroja toda flor marchita de la casa y llena los vasos con mil auroras naciendo, ante ti mi ser se multiplica, rompe obstáculos, abre sangres, clausura precipicios respirando luz invulnerable. Bienvenida a la idea de ser simultáneos, el sol incorpora su magia y en ardiente afinidad estallamos juntos como forma de existencia. He atravesado el tiempo, en mi oscuro gravitar te he soñado y esa inercia te iba acercando a mi oído (escucha cómo el cielo se deja oír fuerte, vivo, presente, escucha a la tierra en racimos, el gran verde creador de las mañanas). Hoy, recién amanecidos un amor gigante nos inunda, te nombro como se nombra al día, con labios especiales, con música en los ojos, como se empieza a andar, la cabeza llena de caricias porque lo sagrado ocurre, para ambos ya sucede el verano. Has Hecho De Mí El Hombre... Has hecho de mí el hombre en su borrasca. Amé tus pechos vivos, los muslos en alud, la espalda minuciosa y nada importó desde entonces sino ese goce secreto. Desordenado amor dislocado, ansia en hoteles, bañeras, alunadas buhardillas, urgiendo, apremiante, necesario. Soberana llegaste (súcubo amante venida quién sabe de qué infierno dulce) a ejercer sobre mí la clausura sin aire, desde entonces te pienso con instintos primitivos y caigo sin fin y soy violentamente tuyo. Un reino enfurecido es la pasión donde el cuerpo es sorbido sin espera y arde, arde humanamente, los dos a manos llenas lo sabemos. Irredento amor dependiente, excesivo, sucede tan cercano que respira y me averigua, tan mordiente él, segregador del íntimo apetito, adicción sin tregua, nacido así para el quebranto. Me Dio Su Calor Animal Me dio su calor animal apenas vestida con perlas, bebí, succioné, conocí la humana luz de sus huesos, con bellísimo acento me salpicaba de soles, ocupé ese cuerpo, el placer de tanta sangre alucinada, los dorados aullidos de su corazón, acaso toqué lo inasible y pronto caí intoxicado y fui fulminado después, se cegaron mis noches. Amargo día en los días que no alumbran, como una piedra me contemplo, pero las piedras no sangran heridas de amor como yo lo hago ahora. Daniel Vega |