FAUST - “So Far”

(Polydor, 1972)


 

Señores de los pastos del Rock germano experimental a la par que adivinos de las texturas industriales por llegar. Uwe Nettelbeck, productor que durante un tiempo se ganó la vida como crítico musical, inventa Faust al fundir en un mismo caldero las ideas y el buen hacer creativo de músicos como Hans-Joachim Irmler, Jean-Hervé Peron, Werner “Zappi” Diermeier, Rudolf Sosna, Arnulf Meifert y Gunther Wüsthoff. El primer centro de operaciones lo sitúan en Wumme, Alemania, lugar desde el que saltan a la escena oficial de progresiones con su puesta de largo homónima. Uwe toma el dinero adelantado por su sello discográfico, Polydor, y decide transformar una escuela en un completo estudio de grabación. Nace en el 71 “Faust”, los tres temas más inquietantes que un oyente de música Ambient se podría echar al cuerpo. Extravagantes y coloristas en unas tonalidades poco vistas por dichas tierras, la gran familia de instrumentistas unidos bajo misma bandera generaba una música que en ocasiones tenía mucho de tributo sonoro al dadaismo. Del Jazz incomprensible a un Frank Zappa de tapas con Velvet Underground.

Cambio de año, y casi de chaqueta. Werner, Arnulf, Hans-Joachim, Gunter y Rudolf son en 1972 los contendientes sobre el cuadrilátero. La accesibilidad caracteriza a su “So Far” (siempre dentro de la alocada originalidad de estos germanos). Con los años sería considerado como el más cuerdo de sus cuatro primeros lanzamientos, en parte por contener miniaturas melódicas como “On The Way To Adamäe” o “Picnic On A Frozen River”. Llegados a 1973 dejarían el sello que les vio nacer para editar con Virgin el tercer “The Faust Tapes”. La promoción de esta discográfica en el Reino Unido hizo mucho bien a la apuesta, llegando a rivalizar con la conocida como escena de Canterbury. Vuelven a cerrarse en su cosmos, aunque ahora con un mayor respaldo. Con un pie en la querencia del Art Rock y con el otro sublimando un extraño Avant-Garde.

Para “So Far” rehusaron de la por entonces naciente cultura del sintetizador para los caminos experimentales. Hans-Joachim Irmler era por lo general el encargado de recrear ese mundo de plástico divino, todo gracias a los recursos que lograba extraer de su teclado. Aun así, y en ocasiones remarcables, Gunter Wüsthoff ejemplificaba libertad de ejecución frente a un saxofón maravillando marcianas excursiones sintéticas. Gunter se doblaría junto a Rudolf Sosna, ambos a la guitarra, y en un corte como “So Far” buscarían similares efectos trabajando con un equipo electrónico para las tomas. El LP se transformó en la consecución de sueños incumplidos con anterioridad, teniendo su mejor ejemplo en la creación “...In The Spirit”, que hacía diez años había visto nacer  Wüsthoff de sus propias manos, pero que sólo en el 72 cobraría sentido dentro e un álbum largo. La persecución de un arreglo final tomado al vuelo durante las grabaciones, lo convirtieron en otra muestra de pericia y unidad bien entendida. Sin espacio a momentos dubitativos, este vinilo, perfectamente reeditado en la actualidad cual disco compacto bajo el atrayente formato digipack, y con un libreto cargado de imágenes y anécdotas, es una de esas ediciones que dieron un nuevo color a aquel floreciente Krautrock de los setenta.

Sergio Guillén