EL SENDERO ETERNO

Autor: Emilio Morote Esquivel
Editorial: Autoeditado
Año de Publicación: 2007

Más allá de los nombres que todo el mundo conoce, el panorama literario español actual esconde la obra de escritores como Emilio Morote. Personas que, a pesar de tener un talento innegable para la literatura, en ocasiones se quedan a un paso de dar el salto al gran público. Es el caso de “El Sendero Eterno”, novela que a punto estuvo de conseguir el prestigioso Premio Fernando Lara concedido por Editorial Planeta en 2006. No en vano quedó finalista y, para más inri, a sólo tres puntos en votación final en desempate con el ganador. Una vez leído el libro que nos ocupa uno se pregunta por qué tuvo que ganar Fernando Sánchez Dragó con “Muertes Paralelas”. Un tipo que a estas alturas poco o ningún apoyo necesita para desarrollar su carrera, pero claro, al final de la partida parece ser que el nombre del autor marca la diferencia en esta clase de certámenes.

“El Sendero Eterno” resulta ser el cuarto trabajo literario de Emilio Morote, y quizá su obra más compleja hasta la fecha. Un libro trabajadísimo que se mueve prácticamente por todo el espectro de las emociones y sentimientos humanos. El odio, la venganza, el deseo, el sacrificio, la desesperanza,... todos ellos se dan cita en esta novela que el propio autor describe como una “saga familiar con multitud de lazos narrativos”, y no se me ocurre mejor manera para describirla. A lo largo de la obra se van trazando diversas historias en diferentes momentos temporales con el denominador común de Alfredo como narrador omnisciente –al menos hasta el punto de lo que él mismo conoce a través de sus fuentes– que cuenta la andadura de su vida y las de sus progenitores y allegados. Un relato realmente duro sobre el que planean la terrible realidad del alcoholismo y por extensión la adicción a otras drogas, la importancia de la familia en el desarrollo personal, el desencanto y el pesimismo paralizador, la desgracia en estado puro y, ante todo, la miseria que forma parte de la condición humana representada en el personaje de Carmela Loganes, una de las figuras más espeluznantes y maquiavélicas que se hayan podido encontrar en un libro. Lo más destacable de todo es que la novela mantiene su interés durante toda su extensión (algo a priori complicado dadas sus más de quinientas páginas) e impulsa al lector a continuar devorando sus palabras al tiempo que marcha con paso firme hacia la impactante conclusión en la que todos los secretos quedan desvelados.

El autor cita como referentes de “El Sendero Eterno” nombres como Paul Auster y Antonio Muñoz Molina, aunque indudablemente goza ya de un estilo propio que ha ido mostrando y perfilando en todos y cada uno de sus libros. Sus próximas novelas no deberían tardar mucho en salir al mercado, una tratando el escabroso submundo de las sectas religiosas, y la otra sobre la vida de un escritor fracasado y suicida. Desde aquí le deseamos la mejor de las suertes y las esperamos con impaciencia.

Andrés “Chromatic Death”