El filón Stephen King parece inagotable. A un ritmo de tres libros
por año, uno no se extraña de que se empiece a tirar del fondo
del baúl para rebuscar cuentos más o menos inéditos con
los que saciar el hambre de sus muchos seguidores. Esto es lo que se ha pretendido
con “Todo Es Eventual (Catorce Relatos Oscuros)” que, como su
subtítulo indica, consiste en una recopilación de relatos que
el escritor había mantenido inéditos en algunos casos o sólo
editados de forma “alternativa”. Así, cuentos leídos
en público, retransmitidos por radio o vendidos por internet vienen
a engrosar un nuevo volumen del escritor norteamericano, uno de los mejor
pagados de los últimos tiempos.
El resultado, como era de esperar en una edición de este tipo, es irregular. Junto a cuentos hasta cierto punto conseguidos como “1408” o “Sala de Autopsias Número 4”, encontramos algunos deslices de bajo calibre como “La Moneda de la Suerte” y “Esa Sensación Que Sólo Puede Expresarse en Francés”. En todo caso, eso es algo que no importará a sus muchos seguidores, entre los que por supuesto me incluyo. A nadie se le escapa que Stephen King casi ha agotado el filón del terror (él mismo reconoce en alguna entrevista que parece haber explorado todas las maneras en que una historia puede producir desasosiego).
Los relatos han sido escritos en distintos periodos de su carrera y en el
prólogo se nos explica que Stephen King pretende revalorizar el cuento
corto, un género que él considera en “peligro de extinción”.
Quizá en su guerra particular el geniecillo gafas de pasta consiga
una victoria a medias, pues no me cabe ninguna duda de que el público
le recompensará con su fidelidad y el libro entrará en listas
de más vendidos. En cuanto a lo de resucitar o revivir el género
del cuento corto... creo que lo tiene más crudo. Pocos autores actuales,
tanto hispanos como anglosajones, pueden presumir de vender bien sus cuentos.
En un mercado dominado por la narración larga, la novela, estos cuentos
de King representan en algunos casos un soplo de aire fresco. Incluso parece
mentira que a estas alturas todavía pueda sorprendernos como lo hace
con la historia que da título a la obra. Todo es eventual.
Emilio Morote