A pesar de sus indudables méritos, Horacio Quiroga es un escritor uruguayo
de finales del siglo XIX y principios del siglo XX casi desconocido por el
gran público español. La editorial Castalia, en su inmejorable
colección de clásicos que lleva su nombre, ha intentado acercar
al lector hispano parte de la obra de un escritor prolífico a la par
que atormentado. Como un Poe latinizado, Quiroga nos muestra la cara oculta
del ser humano, sus bajas pasiones y sus miedos, en una serie de cuentos que
merecerían estar a la altura de otros genios como el mencionado Poe
o el ruso Chejov.
En este volumen se incluyen algunas de sus piezas más conseguidas,
cuentos de trasfondo tenebroso como “El Almohadón De Pluma”
o “La Gallina Degollada”. Es este último una de las pruebas
palpables de que Quiroga sabía manejar con maestría las herramientas
del buen narrador en que se convirtió en los años de su azarosa
y atormentada existencia, marcada ella por la muerte de sus amigos y su propio
suicidio cuando tuvo la noticia de que estaba aquejado de una enfermedad incurable.
Quiroga es, pues, el prototipo del alma angustiada que vierte en su obra creativa
los fantasmas y demonios que acechan en la soledad a que se ven abocados los
genios.
Para rebajar la tensión, también se contienen algunos cuentos
que el autor escribió destinados a un público infantil, lo que
no obsta para que estos sean pequeñas obras maestras de la narrativa
de todos los tiempos. Así mismo se incorporan los llamados “Cuentos
De La Selva”, en los que recrea la actividad silvestre en un género
que podría ser un híbrido de la narrativa y del documental y
del que Quiroga habría de ser un precursor.
Como punto final, aparecen una serie de textos dirigidos a escritores noveles,
entre otros su famoso decálogo del cuentista, con consejos muy útiles,
a la par que discutidos por generaciones posteriores, sobre la realización
de una historia escrita. Un libro fácil de encontrar en librerías
y además a un precio de risa.
Emilio Morote