LA CONDICIÓN HUMANA

Autor: André Malraux
Editorial: Sudamericana
Año de Publicación: 1933 (1977)

André Malraux siempre fue una figura activa y eso marcó, no sólo su vida, ante todo su literatura. Y es que a este estudioso de lenguas orientales no le costó demasiado marcharse en expediciones arqueológicas a Camboya o unirse a la por entonces creciente revolución china. Su talante, sus ideas y su cada vez más patente simpatía hacia el comunismo, le hizo partícipe de hechos que probablemente a otro hubieran amedrentado. Pues, aunque no lo parezca, Malraux entregó gran parte de su vida a la causa y casi estuvo a punto de perder la vida a su regreso de la guerra civil española. Y fue precisamente algunos años antes de esa vuelta final en 1939, el momento en el que nuestro autor escribió “La Condición Humana”.

En su obra de 1933, y por la que recibió ese mismo año el premio Goncourt, Charles Malraux defiende una causa perdida, ya que la condición de los hombres tiene como único fin la muerte. Dentro de una maraña gris y hostil que forman los problemas humanos, intenta imprimir una fuerte pasión por arrojar un poco de luz sobre tal desazón. Impone la valoración del arte como culminación de la vanagloria humana. Nos muestra las preocupaciones más cotidianas y hasta las más trascendentales o profundas, donde sus personajes aparecen como mera encarnación de la angustia y donde sólo sirven de alfeñiques para un mundo bizarro, simplemente sin esperanzas.

Todo esto tiene su lógica, sobre todo si recordamos lo destacado al principio de esta reseña, ya que Malraux ha sido uno de los primeros en poder ver el auténtico nacimiento de ese carácter catastrófico que terminaría desolando a toda una época. Un autor que muestra el mundo que le rodea como una cárcel de la que el ser humano tiene pocas oportunidades de salir, exceptuando la auto elección de una despedida rápida por medio del suicidio. Un mirada a través de unos ojos que lo que visualizan después contarán sus propias manos desde un ángulo veraz y con conocimiento de causa.

Sergio Guillén