Georges
Duroy no es más que un astuto hombre descendiente de familia de campesinos
que acude a París en busca de otra vida mejor a la ofrecida por sus
pobres padres rurales. La historia arranca con tres francos cuarenta céntimos,
para acabar el mes, en el bolsillo de su protagonista. El encuentro casual
con un antiguo camarada, M. Forestier, le abre las puertas del periodismo
al ofrecerle un trabajo en el periódico francés La Vie Francaise.
Su nueva ocupación le permite promocionarse y codearse con una sociedad
de rango muy superior al conocido por Duroy. Su arte seductor y el empeño
atroz y egoísta por conseguir el triunfo en ésta, su ahora realidad,
le lleva a intimar con ciertas mujeres de abolengo influyente y adineradas.
Entre ellas la mujer de M. Forestier que, con la muerte predecible de éste,
se convierte en su esposa, la mejor amiga de ella, o la señora del
director del periódico, para acabar pidiendo la mano de la hija de
esta última, tras obtener el divorcio de su anterior compañera.
El dinero como único fin y el amor interesado, ambicioso e infiel como
medio para conquistarlo.
Un hombre y, podríamos decir, una obsesión: el dinero, como
fin que justifica los medios, son los pilares de esta obra de Maupassant.
Duroy no es una persona utópica, no es sólo un personaje de
novela, sino el reflejo de otros tantos a quienes el triunfo envenena y el
éxito fascina sin alternativa posible. Bajo un disfraz encantador y
viril, que cautiva a las mujeres, se esconde el capricho, la picardía
y el afán desesperado por ser alguien en el París de aquella
época. Como un niño, que admirado observa todo lo que ocurre
a su alrededor, aspira a alcanzar lo que no posee, perdiendo su atractivo
al instante de ser suyo. El periodismo juega un papel importante como arma
de poder que ejecuta sus efectos en el campo laboral, político, económico
y social. Los entramados de la prensa también salen a relucir en este
relato. La mujer como tentativa hacia la victoria, el prestigio como sello
que marca la felicidad y la fuerza son los elementos claves del codicioso
y miserable Duroy que se vende a la riqueza. Tales avatares son conducidos
bajo la mirada atenta de Maupassant caracterizado por la riqueza exquisita
de su estilo.
Graciela G. Oyarzabal