Dejar a un famoso escribir su biografía es algo que en ocasiones puede
resultar arto peligroso. Para muchos esa futura publicación se convierte
en una espada para batallar venganzas ya heladas que pretenden tener un nuevo
sentido o un aire de actualidad, moviendo así piedras que de tanto
esperar están recubiertas de musgo. Otros garabatean página
a página una historia increíble a la par que saturada de un
color rosa insufrible, mostrándose como seres totalmente ejemplares
(que no digo que existan, pero no hay duda que todos tenemos nuestros fallos).
Bob Dylan usa sus “Crónicas” no solamente para contar sus
andanzas, va más allá. El compositor nos toma de la mano y nos
mete a la fuerza bajo su piel, obligándonos a sentir y ver todo lo
que él tuvo la suerte o desgracia de pasar.
Con los primeros capítulos el lector queda desconcertado. Dylan da tal cantidad de detalles que parece describiera hechos acaecidos segundos antes de su escritura. Y no únicamente me refiero a datos jugosos de su carrera, ya que Bob es capaz de detallar el libro que leía tal día o la música que escuchaba cierta noche de invierno de hace más de cuarenta años. Recuerda sensaciones y momentos, palabras mínimas salidas de bocas ahora lejanas a este mundo como si hubiesen sido parte de una esencial charla telefónica con la que colgara hace media hora. El hábil lector sale del estupor una vez descubre con el paso del camino, con la sucesión de letras, palabras y frases, que Dylan es un auténtico cuenta cuentos y lo único que está haciendo es dar al comprador una bellísima postal sobre la que situar todas sus correrías. Al final uno no se siente engañado, todo lo contrario, ya que el agradecimiento a este artista termina ampliándose y cruza las fronteras de su labor como trovador urbano.
Esta obra, primer pergamino de lo que promete ser la auténtica leyenda
de un bucanero de nuestros días, se mueve sin orden cronológico,
sintiéndose el autor libre para recuperar en la memoria y luego pasar
al papel ciertos momentos cruciales de su vida, tanto en lo profesional como
en el campo personal. Suficientes satisfacciones nos había dado hasta
el momento con sus trabajos discográficos como para ahora defraudarnos
contando verdades a medias. Nada de eso, “Crónicas” es
todo lo que los seguidores de Bob Dylan esperábamos, y hasta tal vez
un poco más. Aun así, y como suele pasar con el resto de cosas
en esta vida, tampoco pecará de meticuloso el que busque respuestas
paralelas en otras obras publicadas sobre este gran genio. Al final, quién
sabe, lo mismo el mago únicamente nos quiere mostrar un espejismo.
A mi entender no creo que a estas alturas eso sea posible para un Dylan que
está de vuelta de todo y de poco tiene que avergonzarse.
Sergio Guillén