STEVE VAI - Where The Wild Things Are

(Light Without Heat / Favored Natios / Top Artist Promotion)

Steve Vai se ha recorrido el mundo dando conciertos, grabando o colaborando con decenas y decenas de artistas, demostrando que su técnica como guitarrista es algo que va mucho más allá de lo normal. Una lista impresionante de ediciones discográficas lo atestigua. ¿Hacía falta un doble directo en DVD, más la edición del mismo reducido en disco compacto, para subrayar todo esto? Tal vez no, pero el caso es que “Where The Wild Things Are” es una de las experiencias más sorprendentes y agraciadas que se puede echar a ojos y oídos en 2009. Razones no me faltan para afirmarlo. ¿Un rápido listado de las mismas?

Los contoneos de Vai en “Oooo” haciéndose unidad con su iluminada Ibanez verde chillón y desgranando unos desarrollos tan contundentes como progresivos. La curiosa introducción de “Tender Surrender”, la cual en el DVD ve entrecortadas sus imágenes sobre la tarima por humorísticos textos a lo cine mudo –no será la última vez que las letras escritas sobre la pantalla le acompañen de una u otra manera–. El humor de Steve, heredado de su estancia en la banda de Frank Zappa, cuando presenta “Fire Wall” bromeando sobre el dramatismo de esos artistas que sólo salen al escenario a concentrarse en su dolor como creadores, sintiéndose el ombligo del universo. La espiritualidad de “I'm Becoming”. El manejo de la esencia retro para “Die To Live” o el duelo del líder contra los parches de Jeremy Colson en “Freak Show Excess”, apertura en la que ambos instrumentos culminan por un orgasmo sonoro de redobles y cuerdas tensadas. “Treasure Island” enmarca gracias a una charla hilarante la tremenda complicidad entre el ya citado Colson y Vai, cargando firme el primero con un equipo de percusión creado para la ocasión que consta de bongos, redoblante, pads electrónicos, varios platos, calaveras de juguete, luces rojas y un cencerro, todo ello colgando del torso del baterista. “Shove The Sun Aside” deja a Dave Weiner encabezando al combo, radiante con su talento a la guitarra de siete cuerdas. Las tormentosas batallas de violines entre las líneas de Alex DePue y el clasicismo de Ann Marie Calhoun –anteriormente de gira con Ian Anderson y sus muchachos de Jethro Tull, al que reconoció haber buscado en Google pues no sabía quién era–. Y así hasta recorrerse dos redondos audiovisuales cargados de un espíritu totalmente gratificante.

Todo esto, unido a su sapiencia para convertirse en un medido entertainer, como dicen los yanquis, hace de un espectáculo de Vai la magnificación del equipo que se divierte jugando por todo el campo sin chupones que afeen su desarrollo sobre el lineado. Grabación obligada tanto para fanáticos como para los que piensan en alucinar a las cuerdas de una guitarra con virguerías que no necesiten de masturbaciones mareantes. El acierto seguro de este año.

Sergio Guillén