En
1978 Colm C.T. Wilkinson se llevaba para Irlanda el primer puesto del
Eurovision Song Contest. José Vélez, en representación de nuestro país, se
aposentó en el séptimo puesto con “Bailemos Un Vals”. A qué viene esto si
estamos hablando de una hair band estadounidense, se preguntará el lector. No
se precipite y acompáñeme unas líneas más repasando aquel ranking de
vencedores y vencidos. A cuatro posiciones de quedar en el puesto de cola, que
aquel año fue para Suecia, Dinamarca se había batido el cobre de la mejor
manera posible enviando al cuarteto Mabel y su sencillo “Boom Boom”
(originariamente titulada “Bum Bum”, aunque pasado al inglés para llevarse de
calle a los anglosajones; algo totalmente absurdo, pues la canción seguían
cantándola en danés). Esos jovencitos todos ataviados con los mismos
pantalones, chaquetas y pañuelos bermellón al cuello, entonaban sin demasiada
gracia un tema de tintes pop con marcados arreglos Folk orquestales. La cosa
resultó un fiasco mayúsculo, aunque en el Danish Melody Contest hubiesen
salido vencedores sin la menor duda. Pronto dejarían esas querencias y se
enamorarían del Disco macarrónico, algo patente en canciones con purpurina,
actitudes glam y poco empaque como “Born To Make You Happy” o “We Are The
80’s”. Tampoco se salían de la norma, pero algún single que otro con miras
internacionales (más en concreto, cantado en castellano) les trajo al
televisivo espacio nacional Aplauso. En aquella agrupación cantaba un
jovencito a la moda llamado Michael Trampenau, el mismo muchacho que en 1982
escaparía a Nueva York y terminaría editando tres años después junto a los
norteamericanos White Lion el LP “Fight To Survive” para Asylum Records. Y sí,
ya asentado en los States comenzaría a ser conocido como Mike Tramp. ¿A que
ahora todo cobra sentido?
Por aquel 82 del gran viaje para Trampenau, Vito Bratta, un joven de Staten Island, está desvinculándose de una agrupación conocida en la Gran Manzana como Dreamer. Cuando ambos se convierten en pareja artística, fichan a Nicki Capozzi y a Felix Robinson para echar a andar. Inicialmente la banda juega con la baza de ser un proyecto medio danés medio norteamericano, y eso parece dotarles de un exotismo diferente dentro de la escena neoyorquina. Con la gente de Asylum (perteneciente Warner Communications y de la que saldría Elektra/Asylum Records) pondrán el primer mantel sobre la mesa, tela musical que no precisamente depararía gozos. Sólo la tonada “Broken Heart” les serviría para resarcirse en el mañana cercano, aunque aún tendrían que esperar seis años para utilizar ese comodín, ya que en “Fight To Survive” de poco les sirvió. El disco pasó renqueando, y a día de hoy no pocos piensan que su siguiente “Pride” (1987) es en verdad el necesario debut. De ahí en adelante todo fueron caminos de rosas, por lo menos unos cuantos años más. Ahora White Lion vuelve a levantarse, aunque con la misma poca credibilidad que los actuales Guns N’ Roses. Sólo sus vocalistas lideran la nave, artistas que parecen haber olvidado lo que era ser timonel en la juventud. Dejando a Axl Rose a un lado, Tramp prueba con este DVD “Bang Your Head Festival 2005” al poco de intentar seguir con “Return Of The Pride” el rastro de miguitas del ayer que, a falta de Vito, está más que claro no encontrará.
A fin de cuentas, y aunque Mike se enfunda en sus mejores galas, las giras de estos White Lion de pega tienen poco de meritorio. La banda cumple con el fervor del músico mercenario, mientras que el cantante promotor del regreso se da a la desgana (tras no rascar bola con su carrera como solista bodrio y tampoco generar grandes expectativas en algunas presentaciones especiales revival de sus antiguos Mabel). Este DVD trae a nuestros hogares a un Trampenau que no canta como lo hacía en sus años mozos, que ni siquiera logra prometernos el oro y el moro gracias a un trabajo escénico frenético o desbordante. Cierto es que posteriormente, en sus giras de 2006, por ejemplo, se le ha visto más centrado; pero a qué viene concertar la grabación de un trabajo audiovisual para luego mostrarse justito en las estrofas o llegar a destripar un clásico de la banda como “Little Fighter” por cambiarle las estructuras vocales en puentes y estribillos (y eso por no hablar de la terrible versión que concluye del imperecedero “Radar Love” de Golden Earring). Con cosas así, se ve que el listo Tramp quiere exprimir la naranja del León Blanco hasta que no le quede ni la pulpa.
Sergio Guillén