KLAUS SCHULZE - Rheingold: Live At The Loreley

(Synthetic Symphony / SPV / Mastertrax)

Las leyendas, cuentos y cultura popular germana que hipnotizó una vez a Richard Wagner ahora vuelven a cobrar sentido gracias a este “Rheingold”, un directo en el que Klaus Schulze se muestra más onírico y evocador que nunca. Las cinco piezas que componen el show ofrecido en Loreley, St. Goarshausen, plantean ese sentido mítico que lo mismo toma inspiración narrativa de la primera ópera, “Das Rheingold”, de las cuatro paridas para conformar “Der Ring Des Nibelungen” (“Alberich”, “Wotan”), como trae a la mente actual los cantos malsanos de la desafortunada Lore moradora de la peña Ley (“Loreley”), aquella que como las damas sirena de “La Odisea”, traían desgracias a quienes se dejaban mecer por sus cuerdas vocales.

En facto, y aunque Schulze es el que firma el trabajo, nuevamente hay que sacar a la palestra a Lisa Gerrard tras aquel doble “Farscape”. La forma de involucrarse de la ex Dead Can Dance con el artista alemán es encomiable, no dudando en viajar centenares de kilómetros para estar al lado de esta leyenda aunque sólo sea como complemento de escasos minutos. Gerrard únicamente aparece en ocasiones puntuales durante la actuación de Klaus. La gran dama, ataviada cual diva del bel canto, añade una espontaneidad a sus pequeñas odas vocales que transforman esos instantes en verdaderos momentos para guardar en la recámara espiritual. Pues, según nos descubre el documental del segundo DVD incluido en este lanzamiento, Lisa gusta de improvisar con un sentido del gusto supremo sobre creaciones recién hechas. Su talento musical la hace ser capaz de adelantarse a lo que llegará y, por lo tanto, fluir libre adaptándose a cada nuevo pasaje de la pieza.

Y ese punto es otro de los esenciales en “Rheingold”, su disco extra que tanto narra el periplo de montar el trabajo en los estudios Real World (propiedad de Peter Gabriel) obtenido de la actuación pertinente en el Open Air Stage Loreley, como nos deja ver a un Schulze sosegado compartiendo parloteo en una seudo entrevista con el Porcupine Tree Steve Wilson (el cual comienza la velada retrotrayéndose a sus primeros discos progresivos de Pink Floyd o Camel y a la forma en la que descubrió a Tangerine Dream). Todo lo aquí contado, junto con el concierto alemán tan sobrecogedor que se valora sin lastres superfluos gracias a un Klaus que es perro viejo y se las sabe todas (aunque tal vez serían recomendables algunas pantallas en las que proyectar escenas visuales que representasen con imágenes la magia de esas notas, como hace Jean-Michel Jarre o el maravilloso grupo tributo The Australian Pink Floyd Show), es contenido suficiente para aquel comprador que busque disfrutar de una sesión placentera de sonidos cósmicos, como catalogaban a los Tangerine Dream de Schulze en sus inicios.

Sergio Guillén