Pedro Álvarez Menchaca es uno de esos instrumentistas inquietos que sabe multiplicarse en proyectos complicados al igual que seguir la máxima de menos es más. Desde su apuesta Pedalmen, todavía ejemplificando cual solista, no cierra puertas a amigos que conforman casi sin quererlo una extraña y excitante troupe sonora dispuesta a llevar a puerto firme eso que el propio autor de la obra denomina como la música que ejecutaría un marinero letón inflando recambios de aspiradora.
Aquí su vena experimental se ciñe a la premisa minimalista, tanto en las construcciones instrumentales de cada pieza como en la duración de las mismas –de diecisiete cortes únicamente cuatro superan los tres minutos y medio–. En ocasiones se mecerá en un extraño concepto de New Age que va más allá en sus atmósferas etéreas (“El Soplo De La Ballena”), algún que otro recuerdo a la esencia de Will Ackerman reducido en notas a la guitarra tomará sus oídos (“Waverley St.”) y bizarros conceptos de Funk neoexpresionista pondrán el anzuelo en su boca (“Un Corazón De Color Hormiga”) Lo mismo una insinuante nana le acurrucará en su habla sin comprensión de recién nacido como Win Wenders le visitará en sueños pintando un cielo sobre los germanos berlineses.
Si no fuese todo algo inesperado, algo desconcertante, no sería Pedro A. Menchaca el que firmase un disco como “Arco Iris De Lluvia Ácida”. ¿Y todavía se extraña de escuchar paralelismos a potencias como Popol Vuh en “Eda Del Fierru”? Querido oyente, recuerde al marinero del principio del texto. Estas aguas son el paso ignoto para músicas de profundo aflorar, de una sonoridad que espera del visitante la complicidad del conocido, ya tenga experiencia o no en perderse por los laberintos de la siguiente senda que se abre tras la membrana timpánica.
Sergio Guillén