ANTONIO MIGUEL - The Other Side

(A.M.)

A medio camino entre el segundo trabajo en estudio de Richie Sambora, “Undiscovered Soul”, y el laureado “Riding With The King” de Clapton y BB King. Hermano canario de John Mayall cuando en 2001 le dio por el sosegado y menos crudo “Along For The Ride”. Antonio Miguel calienta en su disco compacto ideas de sobra reconocidas y que se esperarían de cualquier artista de sellos como Provogue, pero no de un creativo distante a dicha escena.

“The Other Side” es Rock americano con planteamientos desde el neo R&B hasta el Blues más amable. Fácil de escuchar, este álbum se convierte en rara avis en cuanto suena su primer corte en el reproductor. En nuestro país se intenta tender puentes en inglés a propuestas al otro lado del charco, aunque no es corriente disfrutar de una dedicación tan sincera a un estilo en claro desuso en España (si es que en algún momento llegó a estar en candelero). Sólo un ejemplo clarificador, este lanzamiento no intenta aprovecharse del oyente en las primeras canciones trufándolas del mejor material para posteriormente ir decayendo. Al contrario, la suma total es satisfactoria empiece uno por el tema que más rabia le dé. Ahí está “I Wanna Be Yours”, cantado por una jovencísima Casandra Canino, pieza que podría estar sonando en el iPod de cualquier habitante de Chicago en pleno 2008.

Antiguo miembro del Coro de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, este outsider se enorgullece sin falta de razón de su último vástago, quinto en la lista de su discografía personal. Aún me hago cruces pensando en la perdida de no haber tenido sus anteriores andanzas la suficiente promoción en los medios, ya que tal vez ahora hablaríamos de un nombre reconocido por los melómanos adictos a este tipo de lances guitarreros. No hay miedo, seguro. Antonio Miguel tiene en “The Other Side” la carta para que su carrera ponga la directa y llegue a la autopista del gran circuito musical en “oficialidad”. Señores de Provogue, no se corten y denle un mordisco a este “otro lado” del sonido.

Sergio Guillén