El pasado 22 de junio el mundo del Heavy Metal asistió a un evento histórico. Por primera vez una misma gira reunía a los considerados “cuatro grandes del Thrash Metal”, es decir: Anthrax, Megadeth, Slayer y Metallica. Este acontecimiento, en su cita búlgara, fue anunciado como una emisión en directo en cines de Europa y América aunque luego pudimos comprobar que en realidad la proyección contó con varios minutos de retraso con respecto a los horarios verdaderos. Al final, poco importó dicho retardo, porque la experiencia fue sin duda espectacular.
Era la primera vez que tenía la posibilidad de asistir a una proyección de estas características en un cine con buen sistema de imagen y sonido, así que las expectativas eran muy grandes. Para los que crecimos escuchando los discos de estos cuatro grupos la sesión prometía sensaciones inolvidables. La sesión se abrió con imágenes del estadio en el que se celebraría tan especial concierto, los momentos preparatorios de la metálica descarga de decibelios. Ya desde ese momento los asistentes en la sala pudimos comprobar que el derroche de medios era importante: un elevado número de cámaras y una buena realización auguraba un espectáculo de lo más ameno. Además, se mostraron breves entrevistas con los miembros de las bandas hablando de sus impresiones sobre el festival o sobre el mismísimo Ronnie James Dio, fallecido tristemente hace poco más de un mes. Tras dicho preludio sobrevino la tremenda actuación de los neoyorquinos Anthrax.
Cuando supe que el cuarteto liderado por Scott Ian y Charlie Benante contaría con el mítico Joey Belladonna como recuperado cantante (tras la marcha, o más bien “expulsión” de John Bush) no las tenía todas conmigo, sinceramente. No tenía nada claro que Joey pudiera rendir lo suficiente sobre el escenario a estas alturas. Sin embargo, desde que comenzara la actuación con “Caught In A Mosh” quedó claro que Belladonna había vuelto por todo lo grande. Sí, su rostro reflejaba el paso de los años, pero vocalmente y como frontman estuvo realmente espectacular. A pesar de que el estadio todavía no reflejara su ocupación total (una pena que mucha gente se perdiera tan fantástico concierto), Anthrax lo dieron todo sobre las tablas. Incluso hubo espacio para el homenaje a Ronnie James Dio cuando en medio de la interpretación de “Indians” (con Belladonna corriendo como un chaval a lo largo del escenario ataviado con unas plumas indias en la cabeza) sonó un fragmento de “Heaven And Hell”, el clásico de Black Sabbath. No faltaron sus ya clásicas versiones de “Got The Time” y “Antisocial” ni los imprescindibles “Metal Thrashing Mad” y “I Am The Law”, con la que pusieron broche de oro a la actuación. Resultado: sonido cercano a la excelencia e interpretación de lujo para una descarga de Thrash Metal de las que te dejan con la sonrisa en la boca.
La proyección continuó con la actuación de Megadeth, la banda liderada por el siempre inasequible al desaliento Dave Mustaine, flanqueado ahora por el guitarrista Chris Broderick y el recuperado bajista Dave Ellefson. Durante el concierto de Megadeth la lluvia comenzó a caer sobre el respetable, con fuerza aunque de manera intermitente. “Holy Wars... The Punishment Due” y “Hangar 18” presagiaban una interpretación al completo del clásico álbum “Rust In Peace” (tal y como ocurrió en una actuación anterior a la comentada en esta reseña), aunque finalmente no fue así. El sonido fue ligeramente peor que el de Anthrax, sobre todo debido a que la voz de Mustaine no se escuchaba con toda la intensidad que uno esperaba, al menos durante los primeros temas. De cualquier manera, la calidad interpretativa de la banda fue más que notable, con Mustaine clavando esos riffs enrevesados al tiempo que cantaba (algo que nunca deja de impresionar) y Chris Broderick haciendo de émulo casi perfecto del añorado Marty Friedman. Así, el repertorio fue tocando paradas como “Skin O' My Teeth”, “Sweating Bullets”, “Symphony Of Destruction” o “Hook In Mouth”, con la única concesión a su reciente “Endgame” en el single “Head Crusher”. Otro concierto para recordar, con el público nuevamente entregado como la ocasión lo merecía.
A Megadeth les siguieron en la proyección los siempre brutales Slayer, aunque el sonido no acompañó a su actuación. Con diferencia fue el peor sonido que tuvimos la oportunidad de disfrutar esa noche. A Tom Araya –quien se subió al escenario con una camiseta de la selección nacional chilena de fútbol– sencillamente no se le escuchaba prácticamente nada, además de que las guitarras de Kerry King y Jeff Hanneman pugnaban por alcanzar una nitidez que nunca lograron del todo. Aun así, el disfrutar de temas tan salvajes como “Angel Of Death”, “Chemical Warfare”, “War Ensemble” (estos dos últimos favoritos totales de quien escribe estas líneas) o el cierre con el muro de distorsión que es “Raining Blood” es algo que no se paga con dinero. Canciones como “Mandatory Suicide”, “Seasons In The Abyss” o “South Of Heaven”, por sus características particulares, fueron las que gozaron de una mejor calidad de sonido.
El plato fuerte de la noche, el momento más esperado por la mayoría, llegaría poco después. Los Cuatro Jinetes (la versión actual, claro está) se subían al escenario del Sonisphere. Metallica repitieron prácticamente su reciente actuación en el Rock In Rio madrileño, pero no por ello dejaron de arrasar sobre las tablas. Por los altavoces surgieron con sonido cercano a la excelencia clásicos de la talla de “Creeping Death”, “Harvester Of Sorrow”, “Master Of Puppets” (versión íntegra), “Enter Sandman” o el siempre maravilloso “One”, con el obligatorio juego de fuegos artificiales que en pantalla grande resultó sencillamente espectacular. Además, Hetfield se mostró más centrado en lo que a su voz se refiere que en el citado concierto celebrado en Arganda del Rey. Una actuación sobresaliente la de Sofía que se cerró con una sorpresa absolutamente impagable para todos aquellos que llevamos sintiendo el Heavy Metal desde nuestra más tierna infancia. Para la interpretación de “Am I Evil?” Hetfield, Ulrich, Trujillo y Hammett invitaron al escenario a miembros de las cuatro bandas, aunque de Slayer únicamente compareció el baterista Dave Lombardo (se conoce que ocho guitarras y cuatro bajos sonando al mismo tiempo ya eran demasiado). Aunque el tema fue cortado justo antes de la parte de los solos –al igual que ocurriera en el Rock In Rio– sin duda fue un momento realmente emotivo que los seguidores de los “Big Four”, y del Thrash Metal en general, guardaremos con cariño en nuestra memoria. Nunca sabremos si los abrazos que se procuraron Mustaine, Ulrich, Ian, Lombardo, Hetfield y compañía respondieron a un sentimiento sincero o a un gesto de cara a la galería pero... ¡qué más da! Tras la citada reunión en la cumbre, los siempre jaleados “Hit The Lights” y “Seek & Destroy”.
Por tanto, la experiencia cinematográfica (próximamente disponible en DVD, tal y como dijo Lars Ulrich en la despedida), pese a los citados contras, no se puede calificar sino de espectacular, y personalmente me dejó con ganas de repetir en un futuro. Ojalá esto sea sólo el principio de una era en la que podamos disfrutar de muchos conciertos de este tipo en pantalla grande y con sonido atronador. Dado el éxito de la sesión, teniendo en cuenta que se trataba de un martes por la noche, es bastante probable que se vuelvan a programar proyecciones de este estilo. Allí estaremos con nuestra entrada y toda nuestra ilusión.
Andrés “Chromatic Death”