Pensar que algo como el Madrid Art Music Festival podría ponerse en marcha como sueño y terminar convertido en realidad aplastante es casi labor de pitonisas. El trabajo de retrotracción mental ya no es necesario, al igual que no se estila poner la vista en aquellos festivales que han calado a lo largo de este regreso por todo lo alto del Rock progresivo. Estamos a punto de experimentar el logro de una idea que ha crecido de la nada y que, si todo sale bien, podría dar un estirón a tamaños insospechados. La posibilidad de formar parte de ello a uno le hace sentir ese cosquilleo especial que te recorre ante las ocasiones únicas, y sin duda nos encontramos ante una de ellas. Abril resultó un mes a tener muy presente a lo largo de este 2008, cita para maravillarnos con lo que la música experimental puede lograr en el nuevo siglo. Kotebel, Senogul, Baraka y Trettioariga Kriget; tal vez no se diesen cuenta, pero sin duda estos cuatro grupos hacen historia al ser los primeros de lo que esperamos resulten muchos carteles anuales a completar.
SENOGUL (Andrés “Chromatic Death”)
Tenía grandes expectativas en relación con la actuación de Senogul en el I Madrid Art Music Festival. No sólo era el hecho de tener la sensación de estar participando en un evento histórico dentro del mundo del Rock progresivo en España y que fueran precisamente ellos los encargados de abrir el festival, sino que al mismo tiempo era el primer concierto de Senogul que iba a tener la ocasión de presenciar. Y si en disco ya son fantásticos, en directo estos chicos no pueden merecer otro calificativo que excelentes, a todos los niveles. Aparte de ser auténticos maestros con sus instrumentos y de desprender una sensibilidad especial en todo lo que interpretan, el quinteto asturiano sabe conectar con el público (algo que no todos los grupos de este género son capaces de conseguir) a base de humildad y sentido del humor, algo que personalmente aprecio mucho.
El inicio con “Intro Del Mantra” y “Almas Inmóviles”, dos de las piezas que compondrán el segundo álbum oficial del conjunto, prometía a los asistentes un concierto ameno y de la máxima calidad. Un sonido realmente bueno y un ambiente sensacional en el teatro, a pesar de la hora inusual para un recital de este calibre, nos hacían afrontar el festival con la mejor de las sonrisas. “Dr. Gull III”, “Microcosmos Blues” y “Travesía De Las Gaviotas”, temas del álbum homónimo de Senogul, no por ser ya conocidas por una audiencia entregada al buen hacer de estos muchachos, impresionaron menos desde nuestros asientos. Además, a diferencia de la anterior presentación de Senogul ante el público madrileño, pudimos disfrutar de las precisas evoluciones con el bajo y diferentes artefactos percusivos de Pablo Canalís. Tampoco se echaron de menos la flauta y el saxo de los dos primeros temas en ningún momento, ya que sólo había ojos y oídos para el espectáculo que Eduardo G. Salueña, Eva Díaz Toca, Pedro A. Menchaca, Israel Sánchez y el ya citado Pablo Canalís nos estaban ofreciendo.
Sin embargo, aquello no había hecho nada más que empezar, y tras un breve parlamento de Edu agradeciendo la asistencia y el apoyo de todos los que habían hecho posible el acontecimiento, llegaría “Gotas De Cristal En Tu Vaso De Lluvia”, maravillosa instrumental que sonó como nunca, con unos Pedro A. Menchaca e Israel Sánchez sacando feeling a raudales de sus guitarras. Un breve solo de piano de Edu pondría certera introducción a “La Verbena Hermética”, con los presentes ya boquiabiertos y aplaudiendo cada uno de los movimientos de Senogul. Tras este tema Pedro iniciaría un curioso solo de guitarra al que se uniría Edu para dar forma al segmento final de “Nooijer”, otra de las composiciones que nos ponen sobre la pista acerca del sonido del próximo disco de la formación. Y llegó el momento de “La Mulata Eléctrica” (rebautizada para la ocasión como “La Muleta Eléctrica”, dado el accidentado estado de una de las piernas de Pedro, quien llegó a emplear dicho complemento como bottleneck en alguna ocasión). La presentación en este caso corrió a cargo de Pablo Canalís, quien se caló un sombrero cordobés en homenaje al Rock andaluz de los setenta. “La Mulata Eléctrica” puso el colofón y broche de oro a la actuación de unos Senogul sensacionales que salieron por la puerta grande.
Sinceramente, después de lo escuchado y visto en la actuación de Senogul, podemos encontrarnos ante uno de los grupos con más proyección del Rock progresivo español. Lo tienen todo para triunfar, y lo más importante es que conectan de una forma especial con la audiencia aparte de gozar de una manera de ver la música libre de prejuicios. Ahora sólo hace falta que el destino no les niegue los parabienes que a buen seguro merecen. Bravo por estos chicos.
BARAKA (Sergio Guillén)
Enfrentarse al tridente musical Baraka es un verdadero ejercicio de retrotracción. Pareciese que los tres japoneses aflorasen de la escena más ácida norteamericana de finales de los 60. Aseguran imprimir toques jazz y experimentales a lo largo de sus grabaciones, aunque el material que primó en su contacto con el MAM Fest fue la psicodelia contundente y hard. La auténtica verdad más allá de suposiciones desconcertantes reside en su sudoroso directo. El fuego derrochado en sonoridades a lo largo de su espectáculo es buena muestra de que los acólitos de tales andanzas del ayer estamos de enhorabuena.
Shin Ichikawa, bajista de Baraka, ejerce de maestro de ceremonias muy a lo Glenn Hughes; igualmente la técnica demostrada frente a su instrumento podría sin lugar a dudas beber o hermanarse con la del ex Deep Purple. Max Hiraishi cumple sobremanera con sus labores a la batería, aunque siempre apostando por el golpe pesado en lugar de la destreza técnica. Esto no quita magia al mejunje restante, aunque pierde en belleza estética. Tanto Max como Schin pueden ser considerados un mundo distante del que habita Issei Takami. El guitarrista del conjunto se emplea de tal manera en sus derroches ácidos por las cuerdas que pareciese no haber un mañana. Trabaja claramente el descontrol medido, y ahí encontramos otra de las claves punteras. Marcados ya siete discos compactos en su discografía, desde aquel 99 en el que se estrenaron en la oficialidad de grabaciones, Baraka pusieron una nota de color diferente y muy agradecida en un festival de corrientes artísticas por el progreso como es el Madrid Art Music Festival.
SHOWCASE MAROTTA/CIDES (Sergio Guillén)
Habría que remontarse a 1970 para encontrarnos con el origen fechado del instrumento conocido como Stick. El californiano Emmett Chapman resultó el visionario que comenzaría a trabajar sobre el diapasón de su guitarra realizando la conocida como técnica tapping (que años después amoldaría Eddie Van Halen para el mundo del Hard Rock y el Heavy virtuoso). Chapman parió de esta manera el iniciático “electric Stick”. Desde ese arranque para muchos lejano hasta la actualidad esgrimida por artistas como Guillermo Cides han pasado varias décadas, espacio de tiempo en el que el instrumento ha crecido en tecnicismo y evolucionado finalmente hasta convertirse en auténtico centro musical único generador de toda una minúscula agrupación completa a dos manos y diez dedos. A Cides hay que agradecerle la fundación del conocido como Stick Center en 1990, músico que se convirtió en autodidacta de esta disciplina y ha terminado como uno de los más reputados ejecutores del género.
Tras esta pequeña introducción, recomendada para neófitos que busquen una base en la que parapetar sus primeros amores por este sorprendente instrumento, aclarar que la actuación de Guillermo venía complementada en trabajo de pareja por el baterista Jerry Marotta, hombre fuerte tras los parches en la primera etapa de aquel Peter Gabriel solista, al igual que últimamente hermano de armas de Tony Levin (bajista y también fiero stickista). Al ser un mero showcase, un aperitivo, la cosa únicamente sirvió para poner los dientes largos. Las papilas gustativas comenzaron a funcionar al escuchar la creación “Zappa” del argentino, de la misma manera que sorprendió gratamente el valor impuesto para atajar desde el tándem una canción como “Back In N.Y.C.” (Genesis). Ahora bien, si la ejecución instrumental fue resultona y efectiva, Marotta terminaría errando al no llegar a los riscos vocales más elevados (Eduardo García Salueña, miembro de Senogul, nos aseguró posteriormente que en las pruebas de sonido el resultado ofrecido por la garganta de Jerry fue totalmente diferente y sí muy agradecido, alcanzando en aquel momento una peña que posteriormente se le haría inexpugnable). La versión del “Elephant Talk” de King Crimson dio por cerrado el cuadrado de su entrega. La despedida alla Fripp contó con la colaboración de la stickista y miembro de Oxygene 8 Linda Cushma. Las comparaciones frente al micrófono con Adrian Belew son odiosas, por lo que la interpretación de la instrumentista perdió algo de locura de la elaboración original de los británicos; igual camino siguieron sus desarrollos con el Stick, posiblemente apagados por el todopoderoso dominio de situación planteado desde las cuerdas del 10 Standard Stick de Cides.
KOTEBEL (Andrés “Chromatic Death”)
Contemplando la actuación de Kotebel pudimos percatarnos de la variedad que existe en el Rock progresivo nacional en la actualidad. Al igual que Senogul, Kotebel se presentó como quinteto sobre las tablas, pero sus estilos son totalmente diferentes. Kotebel basa su sonido en el dúo de teclistas constituido por Carlos y Adriana Plaza, dando vida de esta manera a un Rock progresivo más sinfónico, por así decirlo, que el de Senogul. Ellos gustan de una mayor profusión instrumental, de unos desarrollos más extensos inspirados en los grandes clásicos de los setenta, algo de lo que hicieron gala (y de qué manera) en su apoteósico recital en el I Madrid Art Music Festival.
El comienzo con “Behemoth”, una de las piezas que formará parte de su quinto álbum de estudio, obra conceptual basada en “El Libro De Los Seres Imaginarios” de Jorge Luis Borges, no se pudo calificar de otra manera que de espectacular. Y es que después de su celebrado trabajo “Omphalos” (2006), parece ser que todavía Kotebel nos tienen reservadas muchas alegrías, una vez escuchada una muestra de su nueva criatura musical. No fue el único adelanto discográfico de la jornada, ya que “Amphisbaena” puso también posteriormente otra piedra en esto de caldear el ambiente de cara a su próximo trabajo entre los seguidores de la formación o del Rock progresivo en general.
Por otra parte, y era obvio, Kotebel optaron por centrar su repertorio en “Omphalos”, disco del cual descargaron, entre otras, la más guitarrera “Excellent Meat” o diversas selecciones de “Pentacle’s Suite”, aunque tampoco olvidaron tocar algún que otro tema de “Fragments Of Light”. Durante todo el concierto se vio al quinteto actual de Kotebel como conjunto experimentado, asentado, coherente y totalmente concentrado en su labor. Destacar la interpretación de uno de los músicos sobre la de los demás sería de todo punto absurdo, dada la calidad de los cinco. Aunque quizá sí se echó en falta la presencia de una vocalista como Carolina Prieto que habría añadido un colorido extra a ciertas composiciones, pero debemos centrarnos en lo que vimos: una banda de Rock sinfónico instrumental en estado de gracia en la que merece la pena investigar y recrearse.
TRETTIOÅRIGA KRIGET (Sergio Guillén)
Seguramente unos incunables a los que nadie hubiese esperado a estas alturas. El anuncio de ejercer como cabeza de cartel resultó una sorpresa para todo aquel acostumbrado a nombres con mayor actualidad y calado en la escena del nuevo milenio. Sin embargo, el hecho de poder visualizar en pleno 2008 el trabajo que hizo a estos suecos grandes allá por la década de los 70, en fin, es todo un honor, un auténtico privilegio. Cierto es que los Kriget no han perdido las ganas de guerrear, por lo que en el nuevo milenio ya comenzaron a lanzar andanadas de aviso con álbumes como “Elden Av År” (2004), por citar el CD más vendido en el puesto de merchandising de la etapa de regreso del aquella noche quinteto (las reediciones clásicas simplemente volaron de la mesa como por arte de magia). De hecho, sería con ese disco compacto de hace cuatro años con el que arrancarían. “Lång Historia”, canción que habla de las vicisitudes por las que ha pasado el grupo en sus largos años en activo, accionó el farolillo de salida. ¡Lástima de sonido! En las primeras ejecuciones el conjunto no encontró modulados los volúmenes de cada instrumento de la manera que hubiesen deseado, por lo que el teclado casi se hundió en el silencio, mientras el bajo de Stefan Fredin se llevaba todo el oro (incluso llegando a aniquilar la idea de formación idóneamente conjuntada). Una auténtica desgracia si caemos en la cuenta que “Lång Historia” es una de las grandes bazas de su trabajo de 2004, con una fuerza arrolladora que les hubiera ganado a la sala en el primer minuto. La cosa siguió de aquella manera a lo largo de “I Krigets Tid/Barndom” y “Om Kriget Kommer”. Al entrar los medios tiempos más acústicos, finalmente afloró el teclado, el combo ganó en unidad y las cosas se vieron de otra manera. Tanto su primer LP homónimo del 74 como la continuación de un año después titulada “Krigssång” hallaron aposento a lo largo de una actuación que terminaría por traer por la calle de la amargura a unos organizadores que, lógicamente, tenían que rendir cuentas ante los horarios del centro cultural. Composiciones como “Ur Djupen” o “Fjärilsattityder” de aquel “Trettioariga Kriget”, igualmente que “Krigssång” y “Jag Och Jag Och ‘Jag’” demostraron que el que tuvo, como magnificaron los Kriget, retuvo.
Una vez terminado el I MAM Fest sólo podemos pensar en la apuesta que nos espera en 2009. El poder charlar algunos días después con Carlos Plaza y Nathalye Engelke nos pone ya sobre la pista, deseando poder complementar de la mejor manera posible ese empuje y ayuda que necesita desde los medios una propuesta tan atrevida como agradecida. Esperemos que en la próxima edición todo crezca, pasar finalmente de uno a dos días, de la misma manera que instaurar mesas redondas o charlas sobre esta genial disciplina y sus inagotables ramas. Carlos y Nathalye, contamos con vosotros, al igual que lo hacemos con la pasión y la melomanía de todos los asistentes que coparon el teatro del centro cultural. Por nuestra parte, una cosa por reafirmar: seguiremos escribiendo para que no se pierdan las esperanzas.
Textos: Sergio Guillén y Andrés “Chromatic Death”
Fotos: Sergio Guillén y Esther García Garrido