SENOGUL
Sala La Mala, Madrid, 08/12/2007

Que Senogul es un grupo ducho en revolucionar el panorama progresivo nacional es algo que debería ya estar en la cabeza de muchos críticos y melómanos. Su forma de entender el género, dotándolo de una realidad experimental que dista con cánones del preponderante Metal progresivo, les acerca a unas cotas que superan en ingenio a los hasta el momento imaginativos The Tangent. ¿Exageración? Nada de eso. Mientras unos se han establecido en el llano tras varias grabaciones, los asturianos Senogul buscan rizar rizos aún más complicados. La noche del pasado 8 de diciembre nos lo demostraría adelantándonos esquejes, bocetos o intentonas de lo que podría ser su siguiente obra. Y si no fueron regalos del segundo álbum, todavía más riesgo y mérito. Su improvisación en la segunda mitad del espectáculo y ese “Sweet Paradise”, que Pedro Álvarez introdujo para ser rematado a cuatro manos junto a Eduardo García, resultaron certeras llamadas de atención al puesto de vigía.

A su capacidad como virtuosos hay que sumarle el solventar un escollo como fue perder por una noche al quinto miembro del pentágono musical, un Pablo Canalís que no pudo asistir a la cita por problemas de salud. A última hora Senogul se vio obligado a retocar el repertorio, a adaptarse tras perder el dirigente sonido del bajo. La lucha para otros estaría de antemano perdida, sobre todo en un estilo que requiere de tanta medida y cálculo sumado a la pasión primera, pero para los cuatro miembros restantes fue un reto que afrontar con ilusión. En el bar La Mala, una minúscula sala poco acondicionada para este tipo de derroches instrumentales, Eduardo, Israel, Pedro y Eva brillaron con luz propia, demostrando que hay unas bases y unos estudios bien aprendidos. De su primer larga duración tras “Cosecha Años 70’s” y “Tránsitos”, el homónimo “Senogul”, se pudieron escuchar composiciones como “Microcosmos Blues”, “Tango Mango”, “La Verbena Hermética”, “Gotas De Cristal En Tu Vaso De Lluvia” o las tres partes de “Dr. Gull”. Los componentes se mostraron diestros desde las primeras notas, aclarando que su apuesta se nutre de una compenetración más allá de horas de ensayo. El talento hace mucho, un extra que les pone en parrilla de salida para dirigir desde Asturias unas corrientes tas eclécticas que lo mismo se alimentan del Jazz, como del folclore nacional, el progresivo de los setenta o la imagen más accesible del RIO (su citada improvisación así lo demostró).

Maravillarse con la astucia de Eduardo ante los teclados, prolongación del alma en diferentes ráfagas de sensibilidad, expresionismo, rabia y arte. Pedro e Israel buscan la dupla pero conforman igualmente parapetos estancos, magnificando así dos puntos de vista que pueden llegar a emparentarse pero que igualmente tienen sentido por separado. Su técnica hace posibles estructuras casi olvidadas para muchos. Mientras que Eva Díaz Toca sublima una actuación precisa ante la batería. Sus arreglos sobre los parches demuestran claro conocimiento del terreno. Eva, titulada en percusión por el Conservatorio de Gijón, y con el puesto de docente en escuelas de La Robla y Oviedo, posee un pegada fina, exactamente medida para no destemplar las cajas y sacarles la gama cromática deseada en cada ocasión. Inmejorable su comprensión de los ritmos latinos, sus cruzados y el trabajo sobre el hi-hat. Este orgiástico conjunto de elementos instrumentales esparcido por el cuarteto nos adentró en unos bises de vértigo. Además de ese “Sweet Paradise”, Senogul se atrevió a plantear su “Travesía De Las Gaviotas” y “La Mulata Eléctrica”. La segunda de ellas era la creación que con más ansias esperaba el que esto escribe, deseando ver la manera en la que Eduardo rememora las diabluras que Chano Domínguez hacía en sus años progresivos andaluces. No hubo decepciones, sólo cara de complacencia y gozo. Un gustazo.

Sergio Guillén