Tras la segunda edición del Madrid Art Music Festival, Kotebel cierra un
interesante cartel con los asturianos Senogul para presentar en directo sus
últimos lanzamientos discográficos. Kotebel, al igual que hicieron en el II
MAMFest citado, desplegarían el universo de bestias irreales que se esconde
tras la temática de “Ouroboros”, mientras que Senogul nos acercan a su nueva
concepción de lo experimental con “Concierto De Evocación Sonora Para Conjunto
Instrumental”. El patio del Centro Cultural La Despernada de Villanueva de la
Cañada, y de forma gratuita, acogió el evento, marco que potenciaría el
carácter arriesgado de la Semana de Arte y Vanguardia de Villanueva de la
Cañada. El pasado 8 de mayo se transformaba pues en una cita capital para todo
aquel que quisiese estar al día en los desarrollos del Rock progresivo
nacional.
Con bastante puntualidad, y tras una escueta presentación del acto, aparecieron bajo la improvisada carpa la agrupación Senogul en cuarteto, debido a que uno de sus guitarristas, Pedro A. Menchaca, no pudo comparecer a esta reinvención que tenían pergeñada para despertar las atracciones de la audiencia. Y así fue, una hermosa locura que orquestaron en medley con cuerpo de suite, espacio para hermanar su último CD con el homónimo “Senogul”. “Itamaracá” trabajó cual apertura, como ya hiciese en “Concierto De Evocación...”, con un Pablo sacando vibraciones de su arpa de boca. “En Permanente Estado De Vigilia” podría presagiar un camino sin curvas en cuanto a la recreación de su reciente disco compacto, algo que no permitieron al mezclar pellizcos de 2007 –“Gotas De Cristal En Tu Vaso De Lluvia” o “La Maha Vishnuda”–. Gustó especialmente la introducción de batería en la parte central de “De Nooijer”, pasajes que el conjunto ya adelantó a su audiencia en anteriores llegadas a Madrid, pero que ahora con el arreglo de Eva tras los parches se dotaba de un movimiento rítmico idóneo. Israel, ataviado con una de sus casacas tres cuartos con motivos orientales, buscó el balance tras las cuerdas de la guitarra a falta del doblete que logra junto a Pedro. La cítara de Pablo conmovió, mientras que la batucada final, con las presentaciones pertinentes a cargo de Eduardo García Salueña, se ganó la merecida ovación por una efusión instrumental que durante cuarenta y cinco minutos atrapó los pabellones auditivos de los presentes.
Kotebel continuaron con la música del evento, centrando su repertorio en acompañarse de las criaturas misteriosas e intrigantes de Jorge Luís Borges. “Behemoth” y “Simurgh”, distanciadas en el setlist, terminaron por subrayarse con méritos suficientes como para ser sus dos puntos clave en la actuación de aquel viernes. Aun así, y en facto, “Omphalos” sigue teniendo igual vigencia que cuando lo presentaron en la primera edición del MAMFest de 2008, por lo que “Excellent Meat” o el excitante trayecto por “Pentacle’s Suite” demostraron que el maridaje entre recién llegado y álbum antecesor era correcto y netamente recomendable. La pareja de padre e hija, Carlos y Adriana Plaza, ejecutan el complemento de las teclas nadando de lo sinfónico a lo agresivo sin perder coherencia. César una vez más dio con su arte a la guitarra esa pista que nos pone en la senda de una de las mayores esperanzas para el progresivo actual técnico. Entre la audiencia, y pendientes como habían estado minutos antes con Senogul, los miembros de October Equus, del programa nacional Los Recuerdos Del Unicornio o el adalid de Imán, Califato Independiente Marcos Mantero, no dejaron de reconocer cada esfuerzo y los consecutivos aciertos que los cinco Kotebel tomaron de las musas inspiradoras.
Tras la música, el gatuperio y la charla; el compartir lo escuchado y
visto, el hablar de futuros proyectos y prontas ilusiones. Lo que sí puedo
recomendar a las agencias de contratación u organizadores de festivales es que
se lleven el pack completo, que procuren juntar siempre que les sea
posible a estos proyectos titánicos pues la variedad experimental y el ímpetu
de instrumentistas rebosantes de profesionalidad está asegurado.
Sergio Guillén