THE LAST MAN ON EARTH

(API)

Director: Ubalgo Ragona
Intérpretes: Vincent Price, Franca Bettoia, Emma Danieli, Umberto Raho

Un filme como Soy leyenda ha movido a nuevas pasiones, llevando a una parte de cinéfilos en busca de la obra literaria firmada por Richard Matheson. Su concepción de un vampirismo enfermizo que nace de causas lejanas de las que habitualmente utilizamos para “racionalizar” al romántico Lestat, no era la primera vez que tocaba el celuloide. En una descacharrante producción de los 70 Charlton Heston era The Omega Man, título de un largometraje en el que aquellos seudo chupa sangre son dibujados cual secta albina cuya única similitud con los acolmillados es su gusto por la noche. Pero sería el 8 de marzo de 1964 cuando en Estados Unidos se estrenaría la considerada como primera versión oficial para la gran pantalla de la novela de Matheson.

Apoyado en un guión de William F. Leicester, el director Ubalgo Ragona se valía de la capacidad de llena pantallas de Vincent Price para dar carrete a una historia que casaba de manera idónea con los miedos a los males víricos de extraña procedencia. Price tomaba el rol del Dr. Robert Morgan, único ser en la tierra inmune a una desconocida enfermedad que convierte a todo lo que infecta en seres sin voluntad que únicamente salen por la noche a destruir todo lo que aún quede con vida. Como los vampiros, estos zombies remendados no soportan el ajo, al igual que tampoco pueden mirarse a un espejo. Vincent tendrá la dura misión diaria de acabar con los que se encuentre por el camino (las estacas salen a relucir), quemar a los que han muerto a manos de estos humanos sin alma (única forma de que no vuelvan a la vida convertidos en errantes moradores asesinos) e intentar dar con una cura para tamaña pandemia.

Esta obra estaba pensada inicialmente para ser producida por la británica casa Hammer Films, aunque finalmente rechazaron el proyecto y le pasaron la pelota a Robert L. Lippert, asociado norteamericano, que a la postre lo produjo en Italia. Rodada en blanco y negro, The Last Man On Earth es un dechado de virtudes que toman forma correcta gracias a la planta y al nivel interpretativo tan oscuro que sabe aportarle el siempre dispuesto Price. Tampoco hay que quitar mérito a Ragona, cineasta que consigue cambiar los ritmos del metraje según lo pida cada etapa de la historia. No desvelaré el final, pues vale la pena dejarse cautivar por la escena que cierra la película, una de las más desconcertantes y sobrecogedoras de la época (a algunos les vendrá el recuerdo presente de El planeta de los simios, ante todo por aquello de su dramatismo). “Another day to live through. Better get started”.

Sergio Guillén