21 BLACKJACK

(Michael De Luca Productions)

Director: Robert Luketic
Intérpretes: Jim Sturgess, Kevin Spacey, Kate Bosworth, Laurence Fishburne

Típico caso de película que se vende de una manera por no querer mostrar su auténtica realidad. No me entienda mal, la base es la que se promete: reproducir un caso real de unos estudiantes contadores de cartas que durante inagotables fines de semana dejaban temblando las cajas de los casinos más prestigiosos de Las Vegas. Pero no hay duda que cuando le toca enfrentarse al trailer llegó a elucubrar vertiginosas persecuciones por los pasillos de fastuosos hoteles, ritmo en pleno festín Guy Ritchie, tramas medidas al milímetro y banda sonora de escándalo (el “Break On Through (To The Other Side)” de The Doors no deja de aporrear a lo largo del aperitivo). La verdad es muy diferente.

Se mete de matute a Spacey y a Fishburne, dos actores con peso demostrado en una larga lista de filmes, para que hagan de meros comparsitas para una pareja pegajosa y simple como la que forman Jim Sturgess y Kate Bosworth. Posteriormente en el IMDb el interesado puede descubrir que el largometraje está etiquetado cual “drama”. Nuevos temblores. Al final, ni una cosa ni la otra, sólo resta un metraje entretenido que podría dar mucho más de sí en cuanto Luketic no juegue a figurar como director de galería para todos los públicos. Ante todo, posiblemente el mayor de los delitos, sea el despojar de la acidez e ironía de ese Kevin Spacey que en escenas como las grabadas para El gran jefe (hágame caso, búsquela hasta en el infierno, es acierto seguro) regurgitaba, pues era pura bilis, profesionalidad, arte y talento.

La cosa ha terminado dándole el galardón de “the next big thing” al pavisoso Sturgess, mientras que a Kevin se le acusa de mirar a su Old Vic. Eso no es así, que se olviden de roles como el de Cadena de favores o el que le encasquetan en este 21 Blackjack; lo que falta es un director con arrestos para ponerle en esa primera fila que tanto nos alegra ( Beyond the Sea, que estás en los cielos). Por cierto, la música de The Doors luego no aparece ni debajo del sofá.

Sergio Guillén